Repitiendo mis errores en el amor

Por qué nos equivocamos en el amor y como superarlo.

Mi mama me decía alguna vez, cuando tenía 16, que un hombre es la otra mitad que le falta  una mujer “El hombre hace falta, es el complemento de una mujer”. En ese momento pensé “está loca, yo no necesito de un hombre” pero, lo que nunca vi, fue que desde hacía mucho ella había sembrado esa idea fantástica en los más profundo de mi subconsciente. Años después, cuando creí  haber encontrado ese complemento, él me fue infiel. Por nueve meses viví con él ocultándole lo que sabía hasta que un día, un buen amigo mío me dijo: “!te convertiste en tu mamá!”.

Mi sentimiento fue de rechazo inmediato pero después de un momento sentí una tristeza inmensa porque esa verdad vino como avalancha sobre mí. Mi amigo tenía razón, muchas años criticando a mi madre, tratando  de no ser como ella para finalmente convertirme en su espejo. Yo terminé repitiendo la historia de mi mamá, quizás de la peor manera, pero me ayudo a comprender en qué medida las mujeres repetimos los modelos de comportamiento de nuestras madres. Mi mamá había sido criada dentro de una familia machista donde los dos únicos hombres, entre seis mujeres, fueron los consentidos y echados a perder de la familia. Siempre consideró que un hombre es parte esencial en la vida de una mujer, fue ama de casa y consideró la figura masculina como la más importante del hogar. Decía que su esposo estaba por encima de sus hijos porque a él fue primero en su vida. Aunque yo no estaba de acuerdo con ello, siempre me involucré con hombres que representaban ese ideal de autoridad, asumiendo una posición sumisa y pasiva en mis relaciones.   Estoy convencida de que somos víctimas de victimas de víctimas. Ya no culpo a mi mamá. La comprendo y la perdono.

Nuestras ideas sobre el amor provienen de una fuente  principalmente: la relación  de nuestros padres, especialmente lo que nuestra madre considera como amor. Esta se ve matizada por las ideas de la cultura y la sociedad en que vivimos. De ahí que andemos buscando el príncipe azul o el Christian Grey que, en verdad, no existe pero esa es una historia para otro artículo.

Déjame poner un ejemplo. Las mujeres que tienen parejas que les pegan o abusan verbalmente de ellas, crecieron en hogares donde se vivenció ese tipo de conductas. Aunque ellas saben que está mal, el maltrato es la única forma de amor que han conocido, de ahí que su tendencia sea a buscar hombres que las traten como su padre (o cualquier hombre) trató a su madre.

Ahora bien, la idea es salir del patrón de comportamiento que nos impulsa a cometer una y otra vez los mismos errores. Te sugiero sigas los siguientes pasos:

¿Cómo era la relación de tu padre y tu madre?

Pregúntate cómo vivían su relación de pareja, que papel asumía cada uno de ellos y, especialmente, cuál era el rol de tu madre. Los padres son el principal modelo de amor que tenemos. Aunque seamos personas diferentes, educados en contextos distintos, asumimos actitudes de nuestros padres porque sus ideas son el referente de cómo concebimos el mundo. Esto no sólo se aplica a las relaciones amorosas, también al dinero, el éxito y el miedo. En esa medida, estamos determinados por nuestras vivencias del pasado y tendemos a repetir el patrón de conducta ya que es lo que nuestro cerebro conoce. Cuando traemos a nuestra parte consciente estos detonantes de la conducta podremos superarlos.

¿Qué pensaba tu madre sobre el amor?

Todos tenemos una idea preconcebida sobre el amor, la tuya proviene de tu madre, la de ella de su madre y así sucesivamente. Ella pudo enseñarte muchas cosas y aconsejarte a cerca de cómo debía ser hombre perfecto para ti, pero realmente sus vivencias  fueron el factor que determino tus conceptos subconscientes sobre el amor.

 ¿Cuándo eras pequeña, en qué momentos te sentías amada y en qué momentos te sentiste rechazada?

Como ya lo había dicho, nuestro cerebro tiende a repetir el patrón de conducta que conoce, porque, bueno, es lo único que considera como cierto. Esta repetición se hace de manera subconsciente. Las situaciones dolorosas especialmente se quedan arraigadas en nuestra memoria emocional y trabajan  de manera inconsciente a pesar de que creamos el dolor se ha ido. Por ejemplo, si de pequeño fuiste abandonado por papá, el dolor que esa situación te causó, grabó en ti la idea de que tu padre no te quería y por eso te dejo, entonces, en tu vida habrá el sentimiento de no ser querido y se manifestará de maneras tales como relaciones superficiales, tendencia a la promiscuidad, enfermedades inmunológicas o soledad. Traer a tu parte consciente a estas situaciones y procesarlas  te ayudará a romper el ciclo conductista y comenzar a vivir desde tus nuevos ideales de amor.

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